Lola Lince: Demiurga de la escena

  • Posted on: 14 February 2011
  • By: hayde

Por Hayde Lachino

En su cuerpo se alcanza a leer la historia de su tránsito por la danza, primero como bailarina de ballet y más tarde, tras su encuentro con Ko Murobushi, la decisión de hacer de la técnica butoh la base de toda su poética personal sobre la escena.
Para ella la danza es la posibilidad de afirmarse en la vida, de hacer del cuerpo un punto de encuentro entre el yo y el cosmos; es la oportunidad de repensarse constantemente en el mundo, de generar un estar, siempre nuevo.
Lola Lince es cuerpo en constante diálogo con su entorno, no es materialidad que se mueve en el tiempo, es un cuerpo que materializa el tiempo; que se transforma. Para la bailarina, la técnica es una sólida base que permite la libertad creativa, pero de ninguna manera puede ser una camisa de fuerza que impida la expresión personal.

La danza ha significado un campo fecundo para reflexionar sobre lo femenino, no podría ser de otra manera ya que para la coreógrafa, el arte es un medio para llevar a cabo una introspección personal de la que emergen nuevos valores.
Estudios y fragmentos sobre el sueño está integrada por tres piezas. Peregrino con campañas, obra creada ex profeso para Lola por la artista japonesa Natsu Nakajima; El hacedor de lluvia y El vuelo, estas dos últimas creación de Lola Lince.
Este programa formó parte del primer programa, en el Centro Cultural Los Talleres, de la temporada Soliloquios y Diálogos Bailados, que este año cumple su 20 aniversario; con estas piezas quedó más que confirmado el por qué estamos ante la mejor bailarina mexicana que tiene en el butoh su técnica corporal fundamental.
En el programa de mano, se dice que se trata de una investigación sobre las analogías y los símbolos que surgen en el sueño, en donde “el espíritu del que sueña se parece a un sistema sobre el cual se anulan o no actúan las fuerzas exteriores, y es en ese abismarse de la conciencia que la psique se mueve libremente, abole el tiempo y nos regresa a la manifestación primaria de la vida humana…”
Esta última idea, con relación al tiempo, es profundamente significativa porque instala otra idea de la representación, sin duda conectada con las formas orientales, pero también a toda una idea contemporánea de lo que hoy es el teatro y la danza como hecho escénico.
Lo que vemos en escena no son personajes atados a la lógica de la causalidad –si esto, entonces aquello-, ni a un entender el tiempo como una sucesión numérica; aquí estamos ante un presente que no necesita explicarse, simplemente se está, de hecho cada una de las tres piezas inicia con el personaje sobre la escena, no hay un entrar o salir del foro, es atisbar a una escena que es y en donde el pasado y el futuro se anulan, al no existir esta relación causal no hay una transformación visible del personaje, no se necesita, el personaje muta internamente en cada instante de su habitar la escena pero con una sutileza tal que se podría decir que la de Lola es una poética de la fragilidad.
Cuando Lola Lince danza, el tiempo no está atado al movimiento, no es un tiempo que se pueda medir en términos numéricos, el suyo es un movimiento del pensamiento, lo que hace visible la bailarina es un tiempo interno, suave que toma forma en gestos mínimos, así otra idea de la danza y del movimiento se materializan.
Con mínimos recursos la coreógrafa-bailarina, logra construir espacios totalmente diferentes para cada escena. No basta colocarse sobre la escena para dotar de significación al espacio, para darle sentido, es necesario habitarlo.
Lola Lince es una artista comprometida con su quehacer, el suyo es un cuerpo que sabe ir más allá de la técnica para instalarse como signo, es una de las grandes creadoras mexicanas, con ella se entiende que el butoh es una vía para hacer una profunda reflexión sobre lo humano y no un escaparate para desplegar el ego personal.

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