Shadowland

  • Posted on: 14 April 2011
  • By: hayde

Shadowland 02

Por Hayde Lachino

Shadowland es la obra que presentó en el Palacio de Bellas Artes la agrupación norteamericana Pilobolus Dance Theatre. Esta compañía inició su trayectoria en 1971 con un trabajo centrado en una visión del cuerpo atlético, mucho más cercano a la experiencia del circo que a una corporalidad que se transforma en signo. Se trata de una empresa que busca efectividad comercial en sus producciones más que una visión de mundo y humanidad.

La propuesta escénica de Shadowland se basa en contar una historia a partir de la proyección de sombras sobre diversas pantallas. Los cuerpos de los bailarines son usados para recrear los elementos escenográficos o construir los múltiples personajes que aparecen a lo largo de la obra, para ello hacen uso de diversos efectos ópticos como la distancia de los intérpretes de las fuentes lumínicas para alterar las dimensiones corporales o el agrupamiento de esos mismos cuerpos para generar imágenes como la de un elefante, una flor de múltiples pétalos, una anémona, entre otras.

Esta puesta en escena se articula alrededor de la historia de una niña que en sueños es transportada a un mundo mágico en donde vive diversas aventuras, una trillada anécdota llena de encuentros con situaciones fantásticas, personajes irreales, en donde la heroína es transformada en un ser con cabeza de perro por una mano poderosa, lo que la lleva a vivir el desamor de un vaquero, el maltrato en un circo, para finalmente encontrar comprensión en un centauro.

La dramaturgia de la obra es tan deficiente que no queda clara la relación de esta niña con sus padres, personajes apuntados pero de construcción dramática fallida pues no tienen ningún peso en la obra, sólo aparecen en tres momentos de la obra: al principio cuando la niña se va a dormir, como sombras y al final cuando ella despierta y descubre que todo ha sido un sueño y corre a abrazarlo para ser una feliz familia. No queda claro este final, ya que apunta a una supuesta transformación en el personaje pero sería bueno enterarse qué pasa antes en esa relación que propició dicho final feliz.

Steven Banks, guionista de Bob Esponja pantalones cuadrados, participa en esta puesta en escena, pero por ningún lado se ve esa mirada ácida que caracteriza, no sólo al personaje de televisión citado, sino a muchos otros que son su creación. Aquí la visión es simplemente simpática –a ratos-.

El uso del espacio es elemental, hay una limitada exploración sobre las posibilidades que la escena ofrece, todo el tiempo hay una relación frontal y directa con el espectador, se busca mostrar más que significar; esto es evidente sobre todo en las partes en donde no hay proyecciones y que son propiamente la parte de danza: una distribución simétrica de los cuerpos en el espacio, todos las frases se mantienen en el mismo tempo y tono sin acusar variaciones, acentos y contrastes.

La música usada es rítmicamente asimilable. Su función dramática es provocar la emotividad, recurso proveniente del peor cine hollywoodense y de la televisión comercial, lo que la imagen no dice ni sugiere, se busca provocar mediante la música.

Pilobolus, como empresa es tan políticamente correcta que no deja de provocar un cierto resquemor. Junto con la compañía de danza existe un programa educativo que hace trabajo comunitario y Pilobolus Creative Services que se encarga de ofrecer sus servicios para grandes empresas, así han realizado comerciales para marcas como General Motors, IBM, Toyota, entre muchas, muchas otras. A simple vista pareciera una fructífera compañía que hace una importante labor social, pero en el fondo es un negocio, habrá que ver en qué medida el supuesto trabajo educativo y comunitario le permite gozar de ciertos beneficios fiscales, desconozco el marco jurídico de Estados Unidos en la materia, pero una cosa es clara, lo que menos les preocupa es la exploración rigurosa de posibilidades estéticas y apuestan más por la belleza vacua y banal.

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