FISURAS

  • Posted on: 1 February 2010
  • By: hayde

Por Hayde Lachino

Una obra de arte puede ser una investigación analítica que tenga por objetivo comprender cómo operan los componentes formales de la misma. Es un tránsito hacia el interior mismo del arte que nos revela que éste es expresión y conocimiento. Los coreógrafos contemporáneos indagan en teorías provenientes de otras disciplinas, no sólo artísticas sino también científicas, en el ánimo de encontrar nuevos puntos de vista que les permitan retornar a la danza con ideas diversas para enriquecer su producción. En este sentido Adriana Castaños con su obra Fisuras indaga en los terrenos de las matemáticas para proponer otras relaciones espaciales posibles para la danza.

Son dos los conceptos que nutren la coreografía: los diagramas de flujo, que son representaciones gráficas que indican el camino a recorrer por un proceso desde el principio hasta el final y que nos permiten la comprensión del proceso mismo; y por otra los algoritmos, cuya definición nos dice que se trata de los posibles modos que se tienen para resolver un problema, no solamente matemático, sino de toda índole, se trata entonces de un procedimiento. Los diagramas son la representación icónica de ese procedimiento.
Fisuras, es una obra abstracta cuya estructura tiene como principio ordenador el espacio y como reglas de construcción las múltiples combinaciones posibles de una serie limitada de movimientos. El uso del espacio recupera la idea de los símbolos que se usan en los diagramas. Un recurso simple: apenas señalar un área cuadriculada con unas líneas blancas, ello otorga una gran movilidad al espacio, el cual está en constante transformación; a veces se ve un gran rectángulo iluminado; a veces sólo dos en puntos opuestos; otras tantas tres cuadriláteros iluminados, de tal suerte que en el discurso coreográfico, la construcción de la kinésis, es una combinación entre espacio, cuerpos y luz.
Los algoritmos tienen ciertas características que describen con puntualidad la obra de Castaños: debe ser preciso, cada elemento de Fisuras es puntual, su eficacia radica justamente en que todo ocurra cuando tiene que ocurrir, la entrada puntual de la luz que marca nuevos espacios, la conexión entre las bailarinas, la entrada de cada pieza musical, esa exactitud en la intervención de cada elemento de la puesta en escena le permite a la obra ser contundente; debe ser finito, una serie de pasos definidos y que tengan un fin, esta finitud se expresa en la obra a través de la economía de lenguaje, pocos gestos, muchas combinaciones posibles; debe ser sencillo, la obra sorprende en su capacidad de articular un lenguaje y estructura complejos con recursos limitados; debe ser modular, Fisuras tiene esa estructura externa, está dividida en módulos representados por un uso distinto del espacio para cada uno de ellos; debe ser breve, Castaños en apenas 50 minutos hace un alarde de verdadera maestría coreográfica, demuestra que hoy en día es de las más importantes coreógrafas, con un alto grado de madurez artística.
Como obra abstracta que es, Fisuras no establece posibilidad alguna de construir anécdota, los vestuarios buscan neutralizar toda lectura en este sentido y más bien están elegidos para resaltar el valor del movimiento en tanto que líneas, dinámica y volumen. Sin embargo, la obra emociona, la austeridad de recursos y su rigor formal logran generar momentos de una gran belleza. El reto de todo coreógrafo es transformar el movimiento en signo, Castaños lo logra y hace evidente que la creación es un proceso racional.
Fisuras es interpretado por Nadia Rodríguez, Luisa Castro, Jessica Félix y Karina Suárez Bosché, quienes muestran que Hermosillo está formando bailarines de gran nivel; el diseño de iluminación es de Jesús Maldonado y es un ejemplo de lo que significa la luz como lenguaje.