Señalar el malestar sobre el recorte a la cultura no es suficiente

  • Posted on: 1 October 2013
  • By: hayde

Hayde Lachino

Comenzar la semana con el anuncio de recortes para la cultura no es una buena manera de comenzar. El anuncio evidencia el lugar que para el actual gobierno tiene la cultura y resulta claro que tal reducción se verá reflejada en el alcance de diversos programas y acciones de gobierno.

Para entender la lógica que subyace a tal decisión, conviene hacer un ejercicio reflexivo desde la perspectiva de las discusiones en torno a cultura y desarrollo.

Como bien apunta el Informe de la Comisión Mundial de Cultura y Desarrollo de la UNESCO, existen dos concepciones del desarrollo. Para una, el desarrollo es entendido solamente desde una perspectiva económica: crecimiento económico, mayor producción, más productividad e ingreso por habitante y que se concentra en los indicadores de la macroeconomía; otra en cambio involucra otras dimensiones de la vida humana más allá de lo estrictamente económico, en donde la cultura ocupa un lugar relevante. Conforme a esta última, la UNESCO nos dice que “la pobreza no sólo implica carecer de los bienes y servicios esenciales, sino también de oportunidades para escoger una existencia más plena, más satisfactoria, más valiosa y preciada.” (Pérez de Cuellar, 1997).

Una idea de desarrollo sólo en términos económicos desprecia la dimensión simbólica de los colectivos humanos y, al transformar todo en mercancía, se permite violar una serie de derechos colectivos en torno a cómo una cultura humana decide vivir y relacionarse entre ellos, con los otros y con el mundo. Esta idea desarrollista justifica por ejemplo que, en nombre de la ganancia y la macroeconomía, terrenos sagrados para las comunidades indígenas sean violados cuando ahí se encuentran importantes yacimientos minerales o petrolíferos.

Para esta concepción, la cultura es una actividad no prioritaria, pues ante los graves problemas del país: narcotráfico, miseria, violencia, etc., la cultura es vista como no prioritaria, como algo que “entretiene”, pero nunca como algo que da sentido a todas las actividades humanas, incluidas la economía y la política y que contribuye de manera importante a la consolidación de la democracia, pues una rica vida cultural genera individuos participativos y preocupados por su entorno.

En las visiones desarrollistas, la cultura se entiende sólo como la cultura de la élite, como la cultura hegemónica, y tiende a marginar a los sectores más pobres de la población. Uno de los problemas latentes cuando se realizan recortes a la cultura, es que las instituciones del Estado tienden a priorizar sus actividades, privilegiando en la elección las prácticas culturales hegemónicas.

En el actual momento histórico del país, apostar por más presupuesto para la cultura es fundamental. Requerimos repensar nuestras ideas comunidad, la construcción de nuestras subjetividades colectivas y cómo queremos vincularnos con otras culturas y procesos mundiales.

Pero señalar el malestar sobre el recorte a la cultura no es suficiente. Quienes participamos del campo cultural no contamos con una estructura organizativa que nos permita generar los contrapesos políticos para dar marcha atrás a políticas públicas regresivas. En tanto que nos encontramos desarticulados, parece que nuestra única posibilidad es expresar nuestra indignación en las redes sociales, cosa que no es menor, pero ello no es suficiente para revertir las decisiones del actual gobierno mexicano.

Va siendo hora de actuar organizadamente, el inicio de sexenio, con todas las reformas estructurales que se avecinan no augura nada bueno para la cultura y para el país. Al final el recorte presupuestal se traduce en menos acciones y programas para la cultura… es decir, en menos posibilidades reales para los agentes que participan del campo cultural y en un creciente debilitamiento de los derechos culturales de una inmensa mayoría.

Pérez de Cuellar, J. A., Arizpe, L., Fall, Y. K., et al, (1997). Nuestra diversidad creativa. Informe de la Comisión Mundial de Cultura y Desarrollo. México: UNESCO. Correo de la UNESCO.