ATP: CUANDO ESTAR AHÍ SIGUE SIENDO IMPORTANTE

  • Posted on: 4 May 2010
  • By: hayde

Hayde Lachino

Existen obras que son puentes que permiten desentrañar cómo se construye y articula la acción estética. La experimentación en el arte es ante todo experiencia, pero toda investigación, tanto en la ciencia como en el arte, reclama método y sistema; por otra parte, existen diversas perspectivas desde las cuales aproximarse a los fenómenos en general. El arte de nuestro tiempo puede ser autoreferencial: la indagación de lo que la danza es como danza cae en este terreno. La vivencia de la interioridad de una práctica artística puede ser directa y visible, de manera tal que nos permita comprender las razones más profundas y últimas que definen a un arte como tal. De la danza construida bajo estos principios se podría decir que es la forma más pura porque no acude en su construcción más que a los elementos formales que le son propios: espacio, tiempo y movimiento, incluso los cuerpos de los bailarines pueden estar desprovistos de toda significación cultural o emocional y convertirse en cuerpos (en un sentido abstracto) que ocupan un espacio-tiempo presente.

ATP es la obra que presentó en el Salón de Danza de la UNAM, la agrupación uruguaya Perro Rabioso con una coreografía de Tamara Cubas. El título de la obra hace referencia al trifosfato de adenosina (ATP en inglés), molécula fundamental para la obtención de energía en las células.
ATP descoloca la danza de lugares comunes: no hay historia, ni emociones, ni pasos de danza, incluso el escenario rompe con la convención renacentista de cuerpos al frente, escenografía atrás. Lo que tenemos es un espacio en blanco iluminado con una luz blanca, que generan un ámbito neutral, cuya significación pudiera ser la misma de la hoja o el lienzo en blanco para el escritor o el pintor. Tres extraordinarios bailarines (Mariana Marchesano, Miguel Jaime y Santiago Turenne), cuya tarea es habitar la escena a través de una serie de acciones físicas: caminar, caer, probar el peso del otro, colocar a un cuerpo en su máxima posible elongación, hacer sentir al otro el peso propio. La ambientación sonora a cargo de Francisco Lapetina, apela a las sonoridades corporales producidas por los propios bailarines, además del uso de tres micrófonos que permite ampliar los sonidos del cuerpo y producir nuevos sonidos.
Los bailarines entran al escenario y colocan un listado de las escenas que conforman la obra total y al cual habrán de recurrir todo el tiempo, Tamara afirma que ello es así porque le interesa que sus bailarines sólo se preocupen por el tiempo presente. La primera acción que se presenta establece todo el postulado estético de ATP: los intérpretes comienzan con gestos y movimientos apenas perceptibles algunos y otros visibles, tales como movimientos de tráquea, ligeras tensiones corporales que cuestionen el concepto del movimiento en la danza. Hace visible lo invisible, los movimientos y sonoridades internas; ello parece indicarnos que si la danza es movimiento, todo movimiento es danza.
En ATP queda claro el punto en dónde la danza no es teatro, de ahí su particularidad como arte, pues el conflicto que sostiene una escena puede estar centrado en la oposición que un cuerpo hace a la gravedad o en probar el peso del otro o cómo caminar sobre la escena sin otro objetivo que caminar. Es cuerpo en movimiento, pero en esta desnudez desprovista de artilugios, hay momentos que se tornan en una crudeza y en una violencia que golpea: pisar al otro es pisar al otro. Toda idea, toda acción es inevitablemente un postulado político que deviene en una ética.
ATP surge de una crisis creativa de Tamara Cubas y como ella misma dice “…es el resultado del último proceso de investigación sobre el porqué y desde dónde habitar la escena, el tiempo y el espacio. Cuando no tengo nada nuevo que decir, pero igualmente sigue teniendo sentido ocupar ese lugar…”

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