DANZA Y PODER I Y II

  • Posted on: 26 August 2010
  • By: hayde

Por Hayde Lachino

(Texto leído durante la presentación de la versión en CD del libro Danza y Poder de Margarita Tortajada).

Danza y Poder nos coloca ante una visión del pasado como un espacio lleno de contradicciones, de luchas y encuentros entre los diferentes agentes que operan, en este caso, al interior del campo de la danza. La posibilidad de ver el pasado como algo dinámico, dialéctico, la ofrece la perspectiva que el sociólogo francés Pierre Bourdieu proporciona con su modelo teórico-explicativo para comprender que la relación de la danza con el poder no sólo se da en términos de una práctica con algo exterior a ella y que la determina, la relación con el poder se da también al interior del campo mismo de la danza pues en él están interiorizadas las lógicas hegemónicas de ese poder.

Internamente en los diferentes campos, sean artísticos, académicos, científicos, existe un capital común que los miembros de ese campo luchan por poseer, en ese sentido Danza y Poder es un análisis de cómo en la danza mexicana del siglo XX se han dado esas luchas por poseer dicho capital.
Pero la historia de la danza, nuestra historia, también se ha construido en base a necesidades específicas y con prácticas solidarias. A partir de Bourdieu, la investigadora Margarita Tortajada, explica cómo es que dentro del arte se origina el arte mismo, no como producto de la capacidad individual, sino entiende que toda aportación personal se da en un contexto social y político, es decir de un estado epocal del mundo que posibilita que ciertos fenómenos ocurran.
Ya desde la introducción, Margarita ubica al lector en la perspectiva desde la cual analiza la historia de la danza, explica con puntualidad términos y categorías y con gran acierto cita las palabras de Bourdieu: “el cuerpo está en el mundo social, pero el mundo social está en el cuerpo”.
Margarita, si bien reconoce la importancia de las aportaciones individuales de los diversos artistas, pone el acento en que la danza es una práctica social, histórica y cultural cuya construcción es producto de una acción colectiva. Este giro cuestiona una visión de la historia como producto de individualidades iluminadas, lo que invisibiliza la participación del colectivo, visión tan acorde con intereses hegemónicos. En este libro se pone el acento en la construcción de la historia como una responsabilidad colectiva. Reconoce una interacción dialéctica entre lo individual y lo social.
Metodológicamente, la investigación tiene un importante acierto, acude a diversas fuentes para reconstruir ese pasado, pero relativiza la verdad que pregonan algunas de esas fuentes, porque reconoce que en el caso de los testimonios orales estos o bien han olvidado partes sustantivas o están tamizados por la nostalgia por lo tanto tienden a idealizar dicho pasado; y en el caso de las fuentes escritas, como es el caso de la crítica y las reseñas, apunta con certeza que estos escritos solamente reflejan el punto de vista de su autor. Esta relativización de la verdad no niega la posibilidad de conocer a profundidad el pasado, pero no lo asume como algo incuestionable, inamovible y de verdades absolutas sobre el cual no hay nada nuevo qué preguntar e indagar, al contrario, al relativizarlo deja abierta la puerta para el futuro posible desde en el cual habrá otros horizontes de comprensión que arrojen nueva luz sobre el pasado y pone en primer plano a todos los actores sociales y evidencia que no hay una sola verdad histórica, sino en todo caso, muchos puntos de vista que nos pueden explicar ese pasado. Con esta postura se rompe con la idea de una historia lineal para ofrecer una visión de la historia compleja y dinámica en donde convergentes múltiples líneas y posibilidades.
Margarita hace una retropregunta, es decir, una pregunta que el presente lanza hacia el pasado, pero que sólo puede ser formulada a partir de la condiciones del hoy; su visión de la historia sólo es posible desde esto que hoy somos, porque en el fondo es una pregunta que nos hacemos a nosotros mismos y que al indagar en el pasado en realidad estamos buscando respuestas a las problemáticas del presente.
Las fuerzas y agentes sociales que delinearon ese pasado se encuentra aún hoy en día operando en el campo de la danza escénica profesional, en forma de instituciones, de prácticas, de maneras de entender el cuerpo presente aunque también vemos cómo emergen nuevas perspectivas. En este sentido, si bien el libro nos permite comprender ese pasado, lo más importante es que nos aporta un horizonte de comprensión para nuestro presente, al iluminar facetas nuevas del pasado ilumina nuestras problemáticas presentes.
Lejos de ser un libro aburrido, se trata de un trabajo que atrapa, porque está lleno de vida cotidiana, de esos detalles que hoy nos resultan insólitos como la escolta militar que Carranza mandó a Veracruz para que la compañía de Pavlova llegara sana y salva a la capital; o las contradicciones de los críticos de danza que primero opinaban una cosa y luego otra… ¡¡¡uuups!!!... o cómo una práctica dancística menospreciada por el público “culto” y la crítica, después pasa a ser centro de total devoción cuando era validada por una personalidad extranjera.
En la convicción de que la danza es una práctica colectiva, Margarita reconoce el valor fundamental del trabajo de los bailarines, ese sector al que tan poco valor social se le otorga. Vemos cómo se van tejiendo historias y relaciones, cómo se forman alianzas, cómo se dan encuentros y desencuentro, pero por sobre todas las cosas, es la historia de una comunidad que en los múltiples momentos actuó con un espíritu solidario y fraterno que supo y sabe luchar por lo propio.
El texto inicia con las primeras instituciones culturales postrevolucionarias y el proyecto cultural Vasconcelista. En donde dos instituciones fueron protagonistas fundamentales de esta historia: la Universidad Nacional Autónoma de México y el Departamento de Bellas Artes del la SEP, hoy INBA. Y pone fin a su investigación con tres hechos fundamentales que serán significativos para la danza posterior a 1980: el Primer Premio Nacional de Danza, la presencia en nuestro país de las compañías de Pina Bausch y Jiri Kylian y el impulso al Festival Nacional de Danza Contemporánea de San Luis Potosí.
En cada periodo abordado, Margarita nos ofrece un contexto general que nos permite conocer cómo se encontraba el país, qué ocurría en las otras disciplinas artísticas, los vaivenes políticos a los cuáles aún sigue atada la política cultural, los funcionarios que en su momento encabezaron las instituciones, las diferentes leyes que en materia de cultura se fueron aprobando, las instituciones que se crearon y las que desaparecieron. Además hace un seguimiento puntual de la actividad dancística en la ciudad de México, los principales artistas y compañías, las diversas presentaciones, tanto de agrupaciones nacionales como internacionales y los comentarios de la crítica especializada.
En el tomo uno centra su estudio en el periodo nacionalista y en la danza hecha en el DF, dado que ella mismo lo afirma, fue la danza que mayor presencia e impacto tuvo debido a las políticas centralistas que caracterizaron el hacer del Estado Mexicano. Ya en el tomo dos estudia la danza de otros puntos del país y aborda un periodo sobre el que aún hay mucho de investigar, las décadas de 1960 y 1970.
Danza y Poder es entonces un título que lleva implícitos tres sentidos del Poder: la relación del campo de la danza con el Estado mexicano, las luchas internas de este campo por el poder y el prestigio y un tercer sentido se nos va revelando con la lectura gradual del libro, el poder en términos de empoderamiento, de la capacidad de un colectivo de construir su propia historia y destino.
Danza y Poder es una investigación rigurosa y comprometida, es el aporte de una mujer inteligente y tenaz que ama la danza y que forma parte de los constructores de la historia reciente de este arte. La invitación a sumergirse en la lectura de este brillante trabajo está hecha, no queda más que hacer pública la admiración por tan importante obra, el respeto por la audacia de su autora al emprender un trabajo que le requirió horas de vida y la gratitud por la escritura de una historia que nos engrandece y dignifica.