¿ES ESO DANZA?

  • Posted on: 25 January 2010
  • By: hayde

Por Hayde Lachino

Algo pasa con la danza escénica que las definiciones que hasta ahora conocemos parecen ya no ser suficientes para comprender lo que está ocurriendo con esta disciplina. Salimos estupefactos de las funciones sin comprender a plenitud cuáles son las ideas y posturas estéticas que el coreógrafo coloca sobre el escenario y muchas veces no estamos muy seguros de que aquello que vimos pueda ser comprendido como danza y nos preguntamos con extrañamiento ¿es eso danza?
¿Bajo qué criterios se puede llamar danza tanto a una función de ballet como a aquellas puestas en escena en donde una bailarina apenas se mueve? ¿Cuáles son esas características comunes a ambos extremos del espectro que las coloca como formas de danza?
Si pensamos en la música por ejemplo, una definición nos dice que se trata de la organización de los sonidos y del silencio en el tiempo. A partir de esto podemos comprender porqué los cantos gregorianos, una sinfonía de Beethoven o los experimentos sonoros como los pianos preparados de John Cage, todos ellos son considerados música, pues cada uno de estos ejemplos es una organización personal del sonido y del silencio.
¿Es la danza una expresión que supone organizar algo? ¿Qué es ese algo que se organiza?
Podemos decir que la danza es la organización del movimiento. Un coreógrafo les dice a sus bailarines cuándo aparecer en la escena, en qué momento hacer una pausa, en qué otro avanzar, cuándo es pertinente para los objetivos de la obra hacer una cannon, es decir, establece un patrón organizativo dentro del cual el movimiento sucede. El ballet, cualquier danza folclórica y hasta la obra más abstracta es una organización del movimiento y del no-movimiento –uno implica al otro en la misma medida que el sonido implica el silencio-. Muchas formas nuevas de la danza indagan en ambos extremos, desde aquellas propuestas estéticas que visualizan al cuerpo humano como una máquina que puede ser llevada al extremo del movimiento como en las propuestas de coreógrafos como Emio Greco o William Forsythe. En el otro punto encontramos propuestas como las de Evoé Sotelo y Benito González que indagan en la inmovilidad o mejor dicho en el mínimo movimiento posible sobre la escena. Aquí tenemos un primer elemento, la danza puede ser tanto la organización del movimiento como la organización del no-movimiento.
¿Pero es esto algo exclusivo de la danza?
El tránsito diario por una ciudad, con sus avenidas, sus semáforos y toda una serie de códigos, buscan organizar el movimiento constante de autos y peatones. El sistema circulatorio del cuerpo humano es un sistema en donde el flujo de sangre es movimiento autorregulado. Entonces la organización del movimiento es una característica que ayuda a definir a la danza, pero no es suficiente para explicarla en toda su complejidad.
Si observamos con atención diferente obras de arte de las más diversas disciplinas encontramos como constante el ritmo, en una pintura hay líneas contenidas en el cuadro que marcan direcciones, que parecen guiar nuestra mirada a través del cuadro, unas veces de manera sinuosa y pausada, como en un cuadro de Rembrandt en donde viajamos de la máxima luminosidad hacia las zonas oscuras, pasando por los claroscuros; o bien como en las obras de Jackson Pollock en donde las manchas de pintura marcan un recorrido de la mirada intenso y dinámico. También encontramos ritmos diferentes en una escultura, en la música, en la arquitectura. ¿Encontramos ritmo en la danza? ¿Será esta una cualidad que ayuda a definir lo que es danza, esa característica única que nos ayude a determinar si eso que estamos viendo es, sin error posible, danza?
No hay duda alguna de que el ritmo es una característica de la danza, de hecho la organización del movimiento se da en el tiempo y en el espacio. Este acontecer espacio-temporal implica la construcción de un ritmo.
La danza en cuanto arte escénica supone la organización del movimiento en un espacio-tiempo definido en donde el ritmo está implicado, esta definición nos ayuda a comprender cuáles son los elementos estructurales o formales que caracterizan a la danza y que la diferencian de las demás artes. ¿Pero acaso las coreografías que acompañan a una cantante pop, por ejemplo Madonna, no cumplen con las características hasta ahora establecidas para definir la danza? Estas danzas ¿son también arte? ¿Existe algo fundamental que las haga diferentes?
Cuando uno ve la Consagración de la Primavera de Pina Bausch lo primero que nos queda claro es que ahí acontece algo importante que nos quiere transmitir la coreógrafa, algo que tiene que ver con la vida, con la lucha diaria que implica la supervivencia; así la organización del movimiento en el espacio y el tiempo nos remite a un cierto estado ritual: abundan las formas circulares en donde al centro la protagonistas se enfrenta a una suerte de sacrificio. También encontramos coreografías en donde el tema es la danza misma, como muchas de las obras de Carolyne Carlsson que toma como motivos para su creación los giros de danza o los saltos, es decir, el arte como tema del arte; es como si el autor quisiera transmitir al espectador su postura estética ante una disciplina artística, una suerte de manifiesto en acción.
Por otro lado, si vemos las danzas que acompañan a un cantante pop, ¿qué nos quieren decir?, parece que muy poco, están ahí para exaltar la figura del cantante. Son simplemente un marco decorativo, de hecho más allá de los pasos usados, casi todas estas danza se caracterizan por una organización del movimiento muy elemental: formaciones espaciales generalmente simétricas, pasos siempre al unísono y siguiendo el patrón rítmico que establece la música. Pero no parecen querer decirnos nada fundamental, ni sobre la vida, ni sobre el arte.
Entonces no basta con que una danza cumpla con los elementos formales, también debe llevar implícita una intención de su autor para que podamos considerar tal evento como arte.
¿Pero aquí tenemos otro problema? ¿Acaso los experimentos que en la década de 1970 realizó Trisha Brown en donde puso a caminar cuesta abajo, a un bailarín sujeto a una soga, por el costado de un edificio son también danza? ¿Es eso arte?
En 1913 el artista francés Marcel Duchamp creó la primera pieza de los que después se llamó ready-made, obras creadas por la elección de un artista y no por su habilidad. En el origen de este concepto estaba la pregunta “¿Se pueden hacer obras que no sean de arte?” . Así comenzó una verdadera revolución artística. Duchamp llevó a los museos piezas insólitas como una rueda de bicicleta sobre un banco de madera, un mingitorio, un porta-botellas, etc., objetos de uso cotidiano elegidos por Marcel y que se convirtieron en obras de arte porque así lo decidió: esto es arte porque lo digo yo.
¡Qué complejo! Es decir, que si una pieza cumple con los elementos formales, tiene una intención y además es postulada como arte ¿es arte? O más específicamente ¿es danza? Sí, se puede afirmar tal cosa, pero sin duda alguna ello no ayuda a que comprendamos muchas de las obras de danza que vemos sobre la escena, es como si lo que quiere decirnos el autor estuviera en un lenguaje que nos resulta desconocido y que nos dice pocas cosas; como espectadores nos enfrentamos a un lenguaje cifrado, a pesar de que podamos reconocer que una obra en cuestión reúna los elementos hasta aquí señalados.
¿Es entonces la danza un lenguaje? Para responder a esto debemos definir primero aquello que entendemos por lenguaje. De manera sintética podemos decir que un lenguaje es el uso de un código de signos, organizado de cierta manera que nos permite comunicar algo. Es decir, existe un emisor, un código y un recetor. En cuando al código, decimos que está conformado por signos que tienen una estructura y que combinados de cierta manera generan significados.
La danza, mediante el movimiento va construyendo signos que el espectador puede comprender. Martha Graham cuenta que cuando presentó por primera vez en un teatro de Brooklin la obra Lamentation, al terminar la función una mujer se le acercó y le dijo que estaba muy agradecida por haber visto esa obra, la mujer evidentemente había estado llorando; después Martha Graham se enteró que aquella mujer era viuda y que había visto morir frente a ella a su hijo de nueve años atropellado por un camión y que nunca había podido llorar por ello, sólo hasta que vio Lamentation pudo hacerlo y es que la obra presenta a una mujer sentada en una banca de madera, envuelta en una tela elástica morada y cuya figura nos recuerda a la virgen María, la tensión que se origina entre la tela y los movimientos hacen ver a esta mujer como si quisiera liberarse de los límites de su propio cuerpo, en ciertos momentos dirige su mirada hacia el cielo en una actitud de imploración, en otros su torso cae en actitud de derrota, al final tras el único momento de la coreografía en donde la mujer está de pie, la mujer termina sentada y con el torso colgando hacia el suelo. Entendemos entonces porque la mujer de la anécdota pudo llorar su propia tragedia al ver la obra, pues los signos que articuló Martha Graham le hablaron sobre la lucha interna de todos los seres humanos, frente al destino, ante la vida. El lenguaje del movimiento comunicó al espectador la idea que quería transmitir la artista. Pero no pasa lo mismo con todas las obras de danza, algunas articulan un lenguaje que nos es ajeno, desconocido y la obra no puede ser comprendida por el espectador. Y si no comprendemos el lenguaje, ¿sigue siendo danza?, ¿sigue siendo arte?
La respuesta no es sencilla por lo que implica, no comprender algo no le resta valores. Si le preguntamos a un espectador que nunca ha visto arte moderno, si el mingitorio de Marcel Duchamp es arte nos dirá que por supuesto que no y esa opinión no le quita méritos a la audacia del artista. En el terreno de la danza, ¿todo lo que nos dicen que es danza lo es, aunque no la comprendamos?
El teórico argentino Jorge Dubatti habla de las comunidades de sentido, de cómo una obra escénica puede comunicarse efectivamente con ciertas comunidades y con otras no. Así una obra que resulta significativa en París puede no decirnos nada vista en la ciudad de México o al revés una pieza que en nuestro país resulta clave para comprendernos, como el Zapata de Guillermo Arriaga ¿es acaso menos arte?, ¿vale menos como danza, sólo porque no es comprendida en Europa?, creo que no. Resulta pues que la valoración de una pieza como danza y como arte pasa también por la importancia que tiene para una comunidad.
¡¡¡¡Uuuf!!!... Esto se pone más y más complejo, no basta que una obra utilice los elementos formales que la caracterizan como determinado arte, que exista una intensión clara de su autor, que se constituya como lenguaje, sino que además debe ser significativa para el espectador.
Parece que hoy en día ya no resulta tan fácil decir si algo es danza o no. Si es arte o no.