La educación a través del cuerpo: un acto de liberación (Entrevista con el maestro Álvaro Restrepo)

  • Posted on: 19 October 2010
  • By: hayde

Por Hayde Lachino

“…Los hombres no se hacen en el silencio, sino en la palabra, en el trabajo, en la acción, en la reflexión…” *

Hayde Lachino (HL).-En la página del Colegio del Cuerpo, hay una serie de premisas en relación a cómo es que ustedes, desde la danza, entienden el cuerpo y me llamó la atención una definición que hacen: una atención integral del cuerpo. ¿No es, este planteamiento, una ruptura con la modernidad, con ciertos tópicos de la modernidad que visualizan el cuerpo segmentado, en donde el individuo es visto desde ópticas fragmentarias? ¿En qué sentido hablan ustedes de atención integral del cuerpo?
Álvaro Restrepo (AR).-Yo creo que a lo que nos ha conducido nuestra reflexión en estos años, sobre todo de praxis pedagógica desde 1997 cuando se inicia el Colegio del Cuerpo, fue justamente empezar a entender el cuerpo desde múltiples miradas y dimensiones, es por eso que de alguna manera hablamos mucho del cuerpo físico, pero también del cuerpo mental y del cuerpo espiritual, nos interesa mucho que la persona que viene a nuestro Centro, a formarse ya sea como bailarín o que viene en busca de una sensibilización, pueda entrar en contacto con una visión más totalizante con lo que es la experiencia del conocimiento y de la sensibilidad a través de otros canales diferentes a la razón, nos interesa mucho la relación entre el cuerpo y la educación, el cuerpo y la creación y el cuerpo y la sociedad, viendo estos tres grandes bloques en nuestro trabajo.

Nosotros comenzamos hace casi nueve años en Cartagena con el Colegio del Cuerpo y de alguna manera nos interesa poder aportarle al sistema educativo colombiano, y de otras partes que se han acercado a nuestro trabajo, esta visión como más política, más completa, sobre lo que implica la educación no tanto del cuerpo, sino con el cuerpo; yo creo en las inteligencias múltiples de Gardner y tantos otros que están hablando de las diferentes maneras de aproximarse al conocimiento y a la experiencia cognitiva, pues nos hablan justamente de eso, de la inteligencia corporal, yo siempre he dicho que me dedico a hacer lo que hago hoy -después de haber tenido una carrera de bailarín y de coreógrafo-, tal vez porque tenía esa deuda conmigo mismo, con el tema de la educación; una educación que estaba absolutamente centrada en la razón y en la cabeza y que desconocía y subestimaba esos otros canales de apropiación del mundo como son los sentidos, como es la experiencia.

“…la liberación es un parto. Es un parto doloroso. El hombre que nace de él es un hombre nuevo, hombre que sólo es viable en y por la superación de la contradicción opresor-oprimido que, en última instancia es la liberación de todos.
La superación de la contradicción es el parto que trae al mundo a este hombre nuevo; ni opresor, ni oprimido, sino un hombre liberándose…”

HL.- El Colegio del Cuerpo retoma el proyecto civilizatorio de la modernidad en términos de la educación como proceso emancipatorio y me interesó que sea a través del cuerpo, lo conecto con las reflexiones de Foucault de que el cuerpo es el espacio de mayor colonización y que por ello mismo se vuelve imperceptible. Noto una gran presencia en tu trabajo con los estudiantes del Colegio, a nivel coreográfico, de una mixtura entre las raíces colombianas y técnicas modernas. ¿Cómo es que se da este proceso de liberación de un cuerpo mediante técnicas aprendidas?
AR.- Yo creo que de alguna manera, lo que hacemos como maestros es una síntesis de la experiencia de la vida, yo creo que hay muchos caminos para llegar a Roma, de alguna manera el trabajo que nosotros hemos hecho, tanto como pedagogos como creadores -y cuando digo nosotros me refiero también a mi colega Marie France Delieuvin que es la codirectora y cofundadora del Colegio-, es darle la oportunidad a estos muchachos de que simplemente conozcan otras formas de aproximarse al movimiento, al conocimiento, a la técnica y que ellos sean los que vayan escogiendo y que puedan ir creando su propio lenguaje, su propio vocabulario, su propia identidad. En este sentido también nosotros hablamos mucho del Colegio del Cuerpo, no como una escuela de danza contemporánea, sino como una escuela contemporánea de danza, en un sentido más de un espacio en donde estamos justamente en búsqueda de esas individualidades, de identidades individuales, de esos nuevos creadores, de esas nuevas técnicas que surgirán a partir de esos individuos y es aquí cuando hablamos de la estructura individual y la estructura social.
En ese sentido pues obviamente el discurso liberador del cuerpo se nos ha ido revelando poco a poco. El Colegio del Cuerpo comenzó como un proyecto que pretendía ofrecer oportunidades de desarrollo artístico y vocacional para jóvenes talentosos de Colombia, pero fue poco a poco que nos empezamos a dar cuenta del impacto, de las posibilidades que tenía este trabajo para la construcción de una nueva ética, de un nuevo ser social y comenzamos a verbalizar y a sistematizar lo que ocurría en el estudio de danza con relación a la vidas de estos muchachos que trabajaban con nosotros, ya que el Colegio arrancó en el año 1997 trabajando con jóvenes provenientes de los extractos populares de la ciudad, pero no pretendía ser un proyecto social y todavía no lo es, nosotros decimos que el Colegio del Cuerpo más que un proyecto social es un proyecto de sociedad o para la sociedad, aquí es donde hay una diferencia, entre un proyecto de caridad o un proyecto para jóvenes; entre uno asistencialista o un proyecto para la sociedad en su conjunto, y en esa medida aspiramos, ya lo estamos logrando, a integrar jóvenes que provengan de todas las condiciones sociales.

“…Lo que nos parece indiscutible es que si pretendemos la liberación de los hombres, no podemos empezar por alinearlos o mantenerlos en la alineación. La liberación auténtica, que es la humanización en proceso, no es una cosa que se deposita en los hombres. No es una palabra más, hueca, mitificante. Es praxis, que implica la acción y la reflexión de los hombres sobre el mundo para transformarlo…”

HL.- Yo me pregunto si no al liberar al cuerpo lo que aparece es un cuerpo ético y político, político en un amplio sentido, no en términos ideológicos sino un cuerpo que se inserte con discursos propios en la sociedad ¿qué ha pasado con las generaciones que egresan? Porque hay un planteamiento de ustedes de que estos chicos se vuelvan líderes de sus comunidades.
AR.- Hay esos dos caminos que nosotros hemos emprendido: uno que es la formación de artistas, detección de talentos, potenciar a estos jóvenes, para que los que lo decidan puedan llegar artistas de excelencia, ya sea en la interpretación, en la coreografía, en la pedagogía, en la gestión; y pues está también esta otra área que nosotros llamamos pedagogía con la danza, que es más una contribución a la sensibilización de muchachos y de la sociedad en su conjunto, para todos aquellos que no van a ser necesariamente artistas, pero que encuentran otro forma de habitar el propio cuerpo y el mundo.
A nosotros nos interesa, también cuando hablamos de un proyecto social, más social en su conjunto, nos parece que esta educación del cuerpo, esta liberación del cuerpo, es algo que compete no solamente, como decía Paulo Freyre, se trata no sólo de liberar al oprimido, sino también de liberar al opresor, yo creo que en esa medida, es casi tan importante el trabajo que podamos hacer con quienes están oprimidos por su propia opresión, por su sitio en el poder y por ello están excluidos, la exclusión se da de muchas maneras. Trabajamos en un país que se ha ganado el prestigio de ser uno de los más violentos del mundo, en una ciudad como Cartagena de Indias, que es una ciudad yo diría de las más racistas del mundo con un población de origen africano muy importante, el principal puerto de entrada de esclavos a América y todos los días nos tenemos que enfrentar con estas miles de formas de exclusión, pero por eso hablo de una exclusión hacia arriba, hacia abajo, hacia la izquierda y hacia la derecha, una sociedad muy desgarrada, muy fragmentada; entonces ese cuerpo roto, de alguna manera, es un cuerpo roto social, es una metáfora también de un cuerpo individual.


“…no hay diálogo si no hay un profundo amor al mundo y a los hombres. No es posible la pronunciación del mundo, que es un acto de creación y recreación, si no existe amor que lo infunda. Siendo el amor fundamento del diálogo, es también diálogo. (…) El amor es un acto de valentía, nunca de temor; el amor es compromiso con los hombres. Dondequiera exista un hombre oprimido, el acto de amor radica en comprometerse con su causa. La causa de su liberación. Este compromiso, por su carácter amoroso, es diálogo…”

HL.- Leía hoy en la mañana una reflexión que decía que las crisis culturales se deben resolver desde la cultura, y es interesante cómo ante una ausencia de proyecto de nación, en nuestros países, están emergiendo proyectos construidos desde la sociedad civil para atender a estas carencias. Tú mencionabas en una entrevista tu ilusión de que algún día el Colegio del Cuerpo pudiera ser como el proyecto del Sistema Nacional de Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela que dirige el maestro Abreu, me resulta singular la respuesta y el éxito de tu proyecto, porque en nuestras sociedades, el cuerpo es sistemáticamente negado. En todo este trayecto ¿cuál es tu valoración del impacto de tu proyecto? ¿Qué te ha dejado a ti a dos niveles: como artista y como pedagogo?
AR.- Yo creo que se ha ido entendiendo la importancia de esta propuesta, yo creo que el hecho de que el Banco Mundial y el gobierno de Japón hubieran hecho esta apuesta de una donación de casi un millón de dólares en cuatro años para un proyecto piloto, para tratar de que esta metodología, este pensamiento se comenzara a insertar en la educación tradicional colombiana, es una muestra de que se está entendiendo la importancia de esto, es muy gratificante, desde el punto de vista de la práctica cotidiana, pues ver estos, no digo milagros, porque yo no creo que el arte opera milagros, yo creo que lo que opera milagros son las oportunidades, yo creo que estas sociedades nuestras son tan violentas, justamente porque son sociedades basadas en la falta de oportunidades, ni siquiera es por la mala distribución de la riqueza, es por la mala distribución de las oportunidades, entonces yo hablo de estos muchachos a los que se les ha dado la oportunidad de descubrir su vocación, su talento, el placer de la disciplina, etc. Entonces eso es verdaderamente extraordinario y es muy gratificante, como pedagogo, como artista, yo no hago esa división porque de alguna manera el Colegio del Cuerpo se ha convertido en mi obra de arte más importante, más significativa que lo que hacia antes en escena… bueno era otra cosa, era otra dimensión y hoy en día yo siento que sigo bailando a través de estos otros cuerpo, de estos cuerpos que vamos pariendo, que vamos esculpiendo, que vamos potenciando, yo creo que es muy satisfactorio a pesar de todavía es muy pequeño, muy joven y si efectivamente si algún día se pudiera crear un sistema para la danza, sobre todo en un país como Colombia, porque es un país que baila como su manifestación artística más importante, en Colombia no todo mundo canta, ni toca un instrumento, ni hace teatro, ni pinta, pero todo mundo baila, realmente es algo medular en la cultura cotidiana de nuestra gente, en todas las regiones hay una cantidad de grupos de aficionados, de semi profesionales, de profesionales de danza, que es danza tradicional porque no conocen otra cosa; entonces hay un potencial enorme que se ha desaprovechado y que ojalá, estoy tratando de convencer a este nuevo gobierno, de que hay un potencial en el arte, de convertir a Colombia en una potencia en el campo de la danza y con todas las implicaciones que puede tener también en el campo de la convivencia, de la construcción de una nueva sensibilidad, autoestima, de respeto por el otro, en un país tan necesitado.

“…La autosuficiencia es incompatible con el diálogo. Los hombres que carecen de humildad, o aquellos que la pierden, no pueden aproximarse al pueblo. No pueden ser compañeros de pronunciación del mundo. Si alguien no es capaz de servirse y de saberse tan hombre como los otros, significa que le falta mucho por caminar, para llegar al lugar de encuentro con ellos. En este lugar de encuentro, no hay ignorantes absolutos ni sabios absolutos: hay hombres que, en comunicación, buscan saber más…”

HL.- Me surge una duda, en tu ámbito como artista te caracterizas por haberte colocado en América Latina como alguien que rompió una manera de entender el cuerpo y la danza, que rompió con patrones establecidos por un mercado del arte y veo que en tu trabajo con los estudiantes del Colegio hay otra cosa; si bien hay técnicas modernas, hay mucha presencia del folclore colombiano en la manera de moverse, hay colocadas sobre la escena preocupaciones centrales de la sociedad colombiana ¿cómo es que logras conciliar estas dos visiones de la danza?
AR.- Yo creo que de alguna manera yo no me considero un coreógrafo en el sentido tradicional de la palabra, yo no soy un montador de movimientos o de pasos, sino más bien como un partero, yo creo que este rol del maestro, el creador es alguien que sea más capaz de ayudar y de propiciar el surgimiento de los creadores, un creador de creadores, me parece que es más como un fabricante de alas, alguien que pueda ayudar a que estos jóvenes puedan comenzar a volar muy pronto por sí mismos, a que puedan darle a sus movimientos, su toque, su estilo. Obviamente hecho mano de lo que tengo más a mano, que es la forma de ellos de moverse, sus tradiciones, de dónde provienen, así como de su sensibilidad y su cultura, entonces creo que en este momento hay una mezcla de influencias que han aportado su visión de la cultura, etc. Pero también trabajo con muchachos que vienen de Cartagena profunda, con otra tradición con otras culturas urbanas, entonces pienso que en el Colegio hay un gran potaje que está en cocción y bueno ya veremos, son procesos de largo aliento, toma su tiempo para que empecemos a ver las nuevas formas de hacer la danza, de entender el cuerpo, también entenderla en relación con la sociedad.
HL.- Leí un texto tuyo que hablaba sobre la muerte por hambre y la muerte por suicidio. De alguna manera me resulta singular que a partir de esta necesidad de nuestros países, de estas situaciones de horror, de situaciones extremas se están generando también planteamientos teóricos y prácticos, que parece que por ahí se vislumbra una posibilidad para el futuro ¿Tú te colocas ahí?
AR.- Pues si, fatalmente casi siempre el mejor arte surge de las situaciones de horror, del dolor, y surge en estados de urgencia y yo creo que esa es una condición última fundamental del arte, que si no es un arte de urgencia, si no es como una necesidad de vida, porque muchas veces se hace arte de decoración, arte prescindible, un arte que es imprescindible es un arte que nos salva del horror. Curiosamente estaba pensando esta mañana en ese texto, que escribí hace ya un rato, era una carta a mi colega Marie France porque ella viene del país del suicidio y yo del país del asesinato, entonces era como nuestra condición. Hoy lo que quería escribir, después de haber visto la película de Luis Estrada, el Infierno, quería escribirle una carta a mi amiga Sally porque me acuerdo cuando hace casi 20 años, vivía en Pátzcuaro el día en que mataron a Pablo Escobar, me acuerdo que me sentí profundamente conmocionado, me puse a llorar, era como un alivio, como una catarsis muy extraña: dios mío, acabó este monstruo. No era alegría tampoco, porque yo no me alegro de la muerte de los otros, recuerdo que hablábamos con Sally en ese momento y ella nos miraba a nosotros los colombianos casi con lástima, un poco como diciendo pobres, porque nosotros siempre veíamos a México como el gran país que es, una gran civilización latinamericana y decíamos: caray, pobre de Colombia, esto nunca le va a pasar a México; cuando vemos lo que está pasando hoy en día y vemos cómo este cáncer ha hecho metástasis acá, me da mucho dolor y ver esta película de Estrada, me gustó, primero porque está bien hecha, pero también me impresionó mucho el ver cómo nos ayuda a reír de esos horrores, porque la película tiene mucho humor en medio. Esa película de alguna manera no se ha hecho en Colombia porque en Colombia no hay tan buen cine como en México, no tenemos una tradición cinematográfica como en México, pero nosotros tendríamos muchas historias para contar, absolutamente extraordinariamente espeluznantes, de todo lo que ha sucedido, narcotráfico, guerrilla, paramilitarismo, corrupción, la gama toda de horrores.

“…La educación como práctica de la libertad (…) implica la negación del hombre abstracto, aislado, suelto, desligado del mundo, así como la negación del mundo como una realidad ausente de los hombre…”

HL.- Creo que estos proyectos artísticos y educativos en zonas particularmente vulnerables son muy importantes, para tratar de revertir el estado de las cosas.
AR.- Pero hay que tener mucho cuidado con eso de que se instrumentalice demasiado el tema del arte, porque me parece que hay que tener mucho cuidado, yo creo que en ese sentido el proyecto de las orquestas del maestro Abreu es un proyecto ejemplar que ha sabido no renunciar a la búsqueda de la excelencia en el arte con mayúscula y por eso es tan efectivo socialmente; pero hay muchos proyectos que utilizan el arte y la sensibilización artística o la utilización creativa del tiempo libre, o el arte como una especia de bálsamo, de bañito de agua tibia, pero no está proponiendo realmente un horizonte de excelencia artística y ese proyecto de Venezuela es tan exitoso porque tiene un visionario que lo está impulsando, que lo está jalando, que se lo ha puesto en los hombros y lo ha portado durante treinta años y ha sabido conducirlo; bueno tenía el poder, tenía la formación, un caso bastante único, muy difícil de copiar, en eso no hay recetas.
HL.- Yo creo que más que llevar cultura al pueblo, hay que otorgar herramientas para hacer arte.
AR.- Sobre todo no hay que engañar, no crear falsas expectativas, no repartir más pobreza, cuando no hay realmente un compromiso de artistas activos y exitosos que se comprometan, porque si son sólo pedagogos del arte eso llega hasta un punto y ahí se tranca y hay que poder ofrecerle a quien lo decida y lo desée el llegar a donde llegó Dudamel, yo pienso que es así. En ese sentido lo que nosotros hemos tratado de hacer es que no hay que renunciar por hacer el bien, a ser bueno, a la excelencia. Yo pienso que hay muchos proyectos que si lo hacen, que si renuncian y en ese caso creo que es mejor poner a los niños a hacer artesanías o hacer otras cosas o deporte, pero no crearles la ilusión de que van a ser artistas y que les estás dando las herramientas.

*Todas las citas son del libro Pedagogía del oprimido de Paulo Freire.

(Para ahodar en el tema, te sugerimos visitar: http://www.revistatog.com/num6/pdfs/maestros1.pdf y www.elcolegiodelcuerpo.org)

(Agradezco a Lucina Jiménez, a Rocío García y a todo el personal de La Nana, por el apoyo ofrecido para la realización de esta entrevista).