Sala Tomada

  • Posted on: 22 November 2010
  • By: hayde

Cuanto más decrece la importancia social
de un arte (…) tanto más se desintegra en el
público, la actitud de crítica y la actitud
de disfrute. Mientras que lo convencional
es disfrutado sin crítica alguna, lo
verdaderamente nuevo se lo critica con aversión.
Walter Benjamin
(La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica).

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Por Hayde Lachino

Aprender a mirar la danza desde la teoría del arte y no como espectáculo; la danza reporta los mismos campos problemáticos del resto de las disciplinas artísticas: una estructuración compleja, borramiento de fronteras disciplinarias, una fuerte vinculación con el pensamiento filosófico del siglo XX que cuestiona la idea de arte concebida en la modernidad, multiplicación de las poéticas, ciertas prácticas dancísticas hoy ponen en tela de juicio las nociones que hasta ahora se tienen sobre la representación, la técnica y la visión del cuerpo.
Sala Tomada, consistió en una serie de presentaciones en el Teatro de la Danza, organizadas por el colectivo Inquietando, que durante cuatro días materializaron en escena la posición que con relación a la danza tiene este grupo.
Inquietando adquirió visibilidad en el Premio INBA-UAM del 2009 en donde realizaron una serie de críticas y emitieron juicios sobre la situación de la danza mexicana y en general sobre cómo se toman como verdades únicas ciertas prácticas coreográficas, cuya normalización nos impide ver que se tratan de productos culturales surgidos de contextos sociales e históricos específicos, si bien algunas de sus posiciones son motivo de debate, el gran acierto del grupo es apuntar a la imperiosa necesidad de movilizar al campo de la danza que se caracteriza por su escasa inserción en los discursos contemporáneos del arte. Dada su postura crítica, la presentación de Inquietando reportaba expectativas por ver qué harían, si bien casi todas las obras del programa ya habían sido presentadas en otros foros, lo interesante era poder verlas todas o por lo menos a todo el colectivo en un mismo lugar para constatar o no la coherencia entre lo que se dice y lo que se hace.
Lamentablemente sólo me fue posible asistir a un único día, en donde se presentaron las obras de Magdalena Leite y Anabella Pareja, pero todo el colectivo participó mediante intervenciones en el espacio o como intérpretes de los trabajos de sus compañeros.

Ya desde la entrada del teatro era evidente que la sala estaba tomada: una mesa en donde uno podían apropiarse de fotocopias de textos que reflexionan sobre diversos campos relacionados con la danza, el cuerpo y la autoría, entre otros; otra mesa más con audios para escuchar; papelitos pegado en las paredes de las escaleras que dan al interior del teatro. Dos carteles pegados al inicio de cada una de las dos escaleras que conducen al interior del teatro en los cuales se podía leer, realidad en uno y ficción en otro. Mucho de las acciones me recordaron otras similares que se han realizado en teatros y museos y que acusan a la necesidad de vincular una práctica artística con una reflexión teórica que le de sustento; además del hecho de pensar el edificio teatral como ya de por si cargado de significaciones que determinan incluso la lectura que se hace sobre el hecho escénico. Con estos antecedentes resultó imposible entrar a la sala de manera “neutral” o “inocente”, la carga de significaciones previa, necesariamente condicionó la percepción y ese era el objetivo.
Magdalena Leite presentó COVER, variaciones y reflexiones sobre la pieza de Ivonne Reiner, La mente es un músculo. Al entrar el público a sala, el video de la obra de Reiner ya se estaba proyectando y Magdalena Leite repetía en vivo la pieza. ¿Qué nuevas significaciones se construyen cuando un cuerpo de nuestro tiempo se aproxima a un trabajo realizado en otro contexto? Conviene señalar que una idea central que cruza toda la propuesta de Sala Tomada tiene que ver con la originalidad, la copia, la apropiación de discursos para descubrir nuevos contenidos; así la pieza de Leite, retoma un trabajo para ver cómo se modifica éste a partir de una mirada contemporánea.
Después de ver el video y ver a la coreógrafa bailar, Leite tomó el micrófono para explicar que a partir de esa pieza ella realizaría dos apropiaciones personales, la primera para preguntarse si una obra que fue pensada sin ningún contenido emocional podía ser emotiva y la segunda aproximación era en el terreno de la espectacularidad, es decir, Ivonne Reiner pensó la pieza carente también de toda espectacularidad y Leite por el contrario se preguntó si era posible dotar de espectacularidad a un material de movimiento que por principio parece carecer de ello.

Ya en el primer planteamiento vemos una característica singular de la danza -y del arte en general- de nuestro tiempo, ya no se trata de un cuerpo al servicio de un arte, sino de un cuerpo visto desde el arte. Esta simple inversión de la lógica hace toda una diferencia, en la primera óptica, el cuerpo es un instrumento, en la segunda, todas las corporalidades son objeto de una mirada estética y para la danza supone cuestionar la noción de “un cuerpo ideal de bailarín”.
Leite realizó su primera versión de la obra con tres cuerpos que se escapan de toda convención dancística y aún más, que reportan cualidades y capacidades ajenas a los lugares comunes de las técnicas de entrenamiento de la danza. A mucha gente, tan acostumbrada a ver la práctica dancística como algo dado de por si, esta aproximación resultó por demás chocante y cuestionable, sin embargo habría que preguntarse ¿porqué las técnicas convencionales de danza pretenden contener toda la realidad de la danza, acaso no son posibles otras alternativas? Es verdad que se requiere verdadero oficio y una mirada inteligente para lograr construir un postulado estético a partir de lugares no comunes, en este caso específico, la coreógrafa posee cualidades que le permitieron lograr su propósito. Leite consiguió, a través de la música, generar la carga emotiva de la que, por principio, la secuencia de movimiento carece, con ello nos traslada a la reflexión necesaria sobre el valor polisémico del cuerpo, de la imagen.
La siguiente experimentación de Magdalena fue otorgar espectacularidad a la pieza original, lo cual consiguió mediante unos sutiles cambios en el vestuario y la música.
Si una tarea central del coreógrafo es construir significaciones, ¿qué recursos tenemos, cómo lograr esto? De alguna manera COVER, nos coloca en esa reflexión.

Ya otros trabajos de Leite la revelaban como una coreógrafa interesante, COVER la confirma como una artista de la que se puede esperar trabajos rigurosos en lo estético y conceptualmente arriesgados.
La otra coreógrafa que se presentó junto con Leite fue Anabella Pareja, quien en diversas obras se aproxima a la danza desde la semiótica.
La coreógrafa explicó que Segunda Temporada tiene una primera versión a la que llama “el original” en donde la autora toma como punto de referencia ciertas películas, canciones, videoclips que para ella son significativas. Lo primero que hizo fue mostrar una variación de la pieza original, presentando todos los referentes videográficos y sonoros que conforman la obra, lo siguiente fue traducir esas películas, canciones, videoclips a su vida cotidiana, encarnadas todas las anteriores referencias, por sus amigos personales y por ella misma, resultó contundente el número final en donde la coreógrafa con otros miembros del colectivo y amigos personales reprodujeron en escena la coreografía de un videoclip previamente mostrado al público.
Anabella no sólo se instala en el terreno de la semiótica para preguntarse qué pasa cuando ciertos signos y códigos presentes en nuestra vida cotidiana son vistos desde el arte, qué cambios se operan, qué nuevas significaciones se nos revelan. Al igual que Leite, Anabela lleva al escenario cuerpos cotidianos ajenos a toda impostación y dramatismos, con ello se coloca cerca de los postulados del movimiento fluxus que plantea la necesidad de acercar el arte a la vida; también integra elementos venidos del performance, lo que le otorga a la pieza una característica de inmediatez y alejada totalmente de ciertas ideas instaladas en el campo de la danza, tales como el formalismo de la técnica y las ideas de la representación como algo cerrado y que funciona como una maquinaria, para en su lugar dar paso a una obra abierta. A pesar de todas las virtudes potenciales de la pieza, la obra se muestra débil debido a la falta de una conciencia sobre el ritmo y la falta de un manejo de la tensión dramática. Descolocar a la danza de narrativas lineales o causales no significa ausencia de ritmo o tensión, en ese sentido la obra pierde contundencia porque todo se mantiene en el mismo tono y las obras a las cuales se hace referencia resultan demasiado largas como para mantener la atención del espectador, además de que el asunto del cuerpo queda relegado a un lugar secundario con relación a los otros elementos y lenguajes, de hecho cuando retoma el cuerpo y el movimiento su discurso se hace más elocuente. Anabella tendrá que ser más rigurosa con su trabajo, porque hay material interesante y una coreógrafa inteligente para lograr resultados de alto nivel, de tal suerte que la semiótica sea una herramienta para pensar la danza y el cuerpo y no un lugar para articular ideas brillantes pero faltas de definición y contundencia.
Junto con las obras centrales que conformaron el programa, el colectivo realizó breves intervenciones performáticas en donde se pronunciaron textos de Deleuze, se pidió un minuto de silencio por la muerte del autor, entre otras. Para algunos, estas acciones pueden sonar pretenciosas o snob, pero es preferible todo ello a la ausencia de pretensiones y la nula reflexión crítica que impregna a mucha de la práctica dancística en nuestro país.
Más allá de filia y fobias, Inquietando con Sala Tomada, mostró que su coherencia no es sólo en el terreno de lo retórico, sino también en lo estético, cosa de la que muchos, pero de verdad muchos carecen.

(Inquietando está conformado por Zulai Macias, Alma Quintana, Esthel Vogrig, Magdalena Leite, Karina Terán, Nadia Lartigue, Juan Francisco Maldonado, Diana Sánchez, Anabella Pareja Robinson, Nuria Fragoso, Paulina Rucarba, Melissa Cisneros y Marta Sponzilli)

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